Comunicación efectiva: La «regla del tres» en oratoria

Hay un principio estilístico que se utilizan los escritores y los oradores que dice que cuando las cosas vienen agrupadas de tres en tres resultan más divertidas, más satisfactorias y más efectivas.

Los seres humanos podemos manejar muy pocos datos al mismo tiempo, es lo que se conoce como memoria de trabajo, que no hay que confundir con la memoria a corto plazo.

Hasta hace poco, se pensaba se podían manejar hasta 7 elementos durante un máximo de 10 segundos, lo que se conoce como el número mágico o la Ley de Miller, pero varios estudios recientes demuestran que el número está más cerca de 4 que de 7.

También se ha comprobado que las personas trabajan con más comodidad agrupando las cosas, ya que nuestra memoria es jerárquica y se organiza en nodos o grupos de elementos. Además, nuestra memoria funciona mejor cuando el grupo no supera los tres elementos (regla del tres), ya que manejar cuatro elementos se acerca demasiado al límite de nuestra capacidad. También se ha comprobado que tres es el número ideal para buscar entre los distintos nodos jerárquicos de la memoria.

Tres es también el número óptimo de argumentos de venta que se deben utilizar para convencer a un cliente, ya que, a partir de ese número, las personas se vuelven más escépticas sobre las intenciones del vendedor.

De hecho, las triadas o grupos de tres están por todos lados, por ejemplo, la Biblia habla del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, los árabes decían que en la vida hay que tener un hijo, escribir un libro y plantar un árbol, Abraham Lincoln hablaba del gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo, la gente, cuando va a comprar, quiere lo bueno, bonito y barato, la Revolución Francesa tenía como lema: “liberté, egalité, fraternité”, Winston Churchill pronunció en un discurso su famosa frase de “sangre, sudor y lágrimas”, hay un dicho popular que advierte que hay tres cosas importantes en la vida: salud, dinero y amor, un conocido juego infantil se llama “piedra-papel-tijera”, y muchos otros ejemplos.

Si quieres que algo se recuerde, agrupa las cosas de tres en tres y, si quieres que algo quede claro, pon siempre tres ejemplos.

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