Cómo descubrir a un mentiroso: las 25 cosas que delatan a un mentiroso

Cuando tratamos con los demás, nunca hay que ser tan ingenuos como para pensar que la otra persona siempre nos dice la verdad. De hecho, según se ha comprobado científicamente, los seres humanos tenemos una gran tendencia a mentir.

Decimos al menos una mentira al día

Según los resultados de este estudio de investigación, decimos al menos una mentira al día (aunque los jóvenes dicen dos de media), y además no damos demasiada importancia al hecho de mentir.

¿Cómo detectar un engaño?

Para detectar un engaño, no basta con analizar si lo que nos dicen tiene sentido o no lo tiene, algo que hacemos de forma consciente con la parte racional de nuestra mente. El truco para detectar un engaño está en prestar atención a la comunicación no verbal, pero para analizar la comunicación no verba, tan sólo disponemos de nuestra intuición, que reside mayormente en nuestro subconsciente. Según se explica en este libro, para descubrir una mentira hay que tener en cuenta lo siguiente:

  • Cuando mentimos, nuestra respiración, normalmente, se acelera (esto se debe a que se incrementa nuestro ritmo cardíaco).
  • Cuando mentimos, nuestro tono de voz, en general, se hace más agudo.
  • Cuando mentimos, tenemos tendencia a titubear al hablar.
  • Cuando mentimos, las pausas antes de decir algo, generalmente, se hacen más prolongadas, porque tenemos que pensar en lo que vamos a decir.
  • Cuando mentimos, normalmente, no damos detalles, o decimos que los hemos olvidado.
  • Cuando mentimos, en lugar de dar el número exacto, solemos redondear la cifra; por ejemplo, decimos “más de 100” en lugar de decir 125.
  • El mentiroso siempre cuenta una historia en orden cronológico (inventar una historia en orden inverso es casi imposible).
  • El mentiroso, generalmente, evita usar el pronombre yo; suele decir las cosas de forma impersonal utilizando el pronombre se, por ejemplo, diría, “se ha perdido”, en lugar de, “me lo he olvidado en…”.
  • Es típico de los mentirosos responder con evasivas o con otra pregunta, en lugar de responder directamente a lo que se les pregunta.
  • Pese a lo que popularmente se piensa, el mentiroso no evita la mirada; sino, más bien al contrario, el mentiroso suele buscar en tu mirada la confirmación de que te has creído su mentira, por lo que su mirada es intensa y escrutadora. Evitar la mirada es un signo de timidez, no de mentira.
  • Una mirada velada puede indicar desinterés. También puede indicar que la otra persona se siente incómoda con la situación y busca refugio en sí misma. También podría ser un signo de que está mintiendo y tiene miedo a ser descubierta.
  • El mentiroso, generalmente, se muestra inquieto y prefiere permanecer de pie o paseando por la sala.
  • Cuando se sienta, el mentiroso suele hacerlo detrás de una mesa u oculto tras un maletín o un libro.
  • El mentiroso suele tocarse frecuentemente la cara con las manos (nariz, boca o barbilla), o bien las deja rígidas, apoyadas en la mesa, para que no se note que le tiembla el pulso.
  • El mentiroso puede hacer dos cosas: bien puede inventar emociones que no siente (por ejemplo, mostrar pena por algo que él mismo ha provocado intencionadamente), o bien puede intentar ocultar completamente sus emociones y poner cara de póquer.
  • El mentiroso también puede intentar cubrir una emoción (por ejemplo, el miedo) con otra (por ejemplo, el enfado). Por ejemplo, si se le pregunta si ha hecho algo, suele reaccionar muy airado diciendo ¿acaso dudas de mi?. Salvo que sea un actor consumado, es fácil detectar estas emociones fingidas.
  • La sonrisa de los mentirosos suele ser falsa (ver el capítulo sobre la sonrisa para saber cómo diferenciar una sonrisa falsa de una verdadera).
  • Con frecuencia, el subconsciente traiciona al mentiroso, lo que se refleja en frecuentes lapsus linguae (decir algo distinto a lo que se quería decir).
  • El mentiroso suele dar la respuesta perfecta porque piensa que es lo que quieres oír. Por ejemplo, el marido infiel que dice a su mujer que “nunca se ha fijado en otra”.
  • Para dar apariencia de veracidad a lo que dicen, los mentirosos tienden a dar más detalles y aclaraciones de las que se les han pedido. Ya lo dice el refrán, “excusatio non petita, accusatio manifiesta”.
  • Las pupilas del mentiroso se contraen por culpa del estrés. Incluso si no estamos lo suficientemente cerca como para ver su pupila, nuestro subconsciente es capaz de detectar si se agranda o si se contrae.
  • Debido al estrés, el mentiroso suele parpadear más de lo normal.
  • Debido a la presión de la mentira, el mentiroso tiende a bloquear los ojos. Hay dos maneras de bloquear los ojos: bien cerrando los párpados durante un tiempo, o bien usando las manos para tapar los ojos. En cualquier caso, éste suele ser un signo claro de que la persona se siente incómoda con la situación (¿quizás por miedo a que se descubra una mentira?).
  • El mentiroso no puede recordar todas las mentiras que ha dicho. Para atrapar a un mentiroso, haz preguntas y busca contradicciones en las respuestas. Ya lo dice el refrán, “se pilla antes a un mentiroso que a un cojo”.

No hay ningún estudio que demuestre que uno sólo de estos indicios significa que la otra persona miente, pero, cuantos más indicios descubramos en la otra persona, más probable es que nos esté mintiendo.

Busca, especialmente, gestos que no concuerden con lo que se dice, bien porque dicen algo distinto o porque no están sincronizados. Busca comportamientos que no sean los habituales en esa persona. Cuando mentimos, estamos sometidos a una gran presión y eso se manifiesta, de alguna manera, en nuestra forma de actuar, aunque no necesariamente igual en todas las personas.

Como ya sabían nuestros mayores, para descubrir a un mentiroso, lo mejor es mirarle a los ojos. Las personas podemos controlar las expresiones de la cara y el movimiento de nuestras manos, pero nuestros ojos, especialmente nuestras pupilas, nos delatan siempre.

Quien está mintiendo se expresa distinto a los demás

Según los resultados de este estudio de investigación, las personas que mienten se expresan de forma distinta a las que están diciendo la verdad. Por ejemplo, tienden a evitar la primera persona (yo/mío) al hablar, a elaborar poco a la hora de contar un hecho, y a utilizar palabras con significado negativo.

 

¿Cuándo aparece la capacidad de mentir en los seres humanos?

Según este libro, la mentira es una consecuencia de la evolución humana. En concreto, la mentira en los seres humanos es un subproducto de la empatía. Esto es, para mentir primero hay que tener la capacidad de empatizar con la otra persona.

Es decir, que para intentar engañar a alguien, primero hay que entender lo que pasa por su mente.Por ejemplo, hay que anticipar su reacción airada o prever su reproche por algo que hemos hecho o dejado de hacer.

Por el contrario, el camuflaje de algunos insectos no se puede considerar un engaño, porque el insecto no es consciente de lo que pasa por la mente de sus depredadores. El camuflaje animal es tan sólo una respuesta instintiva resultado de la evolución.

¿Cuándo aprenden a mentir los niños?

Según los resultados de este estudio de investigación, los seres humanos aprendemos a mentir a muy temprana edad, en torno a los 3 años de edad. Normalmente, los niños mienten simplemente para sacar un beneficio o para evitar un castigo. Hasta que no son más mayores, no aprenden a decir lo que se conoce como mentiras piadosas, es decir, mentir para no herir los sentimientos de alguien. Además, es muy fácil desenmascarar sus mentiras, porque, en general, se contradicen rápido o no saben qué decir cuando se les hace una segunda pregunta.

¿Por qué la mentira no es la norma?

Según se dice en este libro, la principal razón por la que los adultos, generalmente, no mienten es porque sienten miedo a las consecuencias si son descubiertos en una mentira. Si, aunque te pillen, decir una mentira no tiene consecuencias, o las probabilidades de ser cazados son muy pocas, las personas, generalmente, no tienen ningún problema en mentir si creen que eso les beneficia. Sin embargo, el castigo por mentir, generalmente, supera con mucho el beneficio que se obtiene con la mentira, por eso, la honestidad es lo normal en nuestras relaciones sociales.

¿Por qué la mentira, generalmente, pasa por verdad?

Según este artículo, la mentira pasa por verdad en el 95% de los casos. La explicación no es tanto que los seres humanos mientan muy bien, sino que muchas personas no quieren descubrir la verdad porque, generalmente, es más fácil vivir con la mentira. Por ejemplo, muy pocos esposos quieren creer que su pareja les es infiel, porque pone en riesgo su matrimonio.

Tan sólo cuando las pruebas son muy evidentes, aceptan la verdad y, entonces, no les queda más remedio que tomar la decisión de romper su matrimonio o perdonar a su pareja, dañando así su autoestima. Además, puesto que las consecuencias de ser cazado en una mentira suelen ser graves, nos cuesta creer que nos estén mintiendo.

Es decir, mentir es algo natural, pero es algo antisocial. La cooperación entre los seres humanos requiere que seamos honestos. Si dudamos siempre de la honestidad de nuestras parejas o de nuestros socios comerciales, no podríamos ni casarnos ni hacer negocios.

La culpa por mentir desaparece fácilmente

Aunque las personas sintamos un poco de culpa tras decir una mentira, y quizás por eso es más fácil mentir cuando hablamos por teléfono que cuando hablamos cara a cara, lo cierto es que el sentimiento de culpa desaparece fácilmente, a veces haciendo algo simbólico como, por ejemplo, lavarse las manos (una especie de ritual purificador).

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