La importancia de los rasgos faciales en la valoración de la honestidad de los demás

Según un reciente estudio de investigación publicado en The Journal of Neuroscience, las personas hacen una valoración sobre la honestidad de alguien que acaban de conocer en menos de una décima de segundo, simplemente observando los rasgos de su cara.

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Esta valoración se hace de forma inconsciente y no está necesariamente relacionada con la verdadera honestidad de la persona. Se trata tan sólo de una apreciación por nuestra parte.

También se ha comprobado que nuestra amígdala, la parte del cerebro responsable de la sensación de miedo, responde a de manera distinta dependiendo de los rasgos faciales de la otra persona.

De hecho, los rasgos de la cara influyen sobre la percepción que los demás tienen de nosotros. Por ejemplo, los rasgos “aniñados” (cara redondeada, ojos grandes, nariz pequeña, escaso mentón, poco vello y frente ancha) se interpretan como signos de honestidad en una persona, un fenómeno conocido como la “generalización de los rasgos del bebé”. Las personas con estos rasgos resultan más creíbles pero, al mismo tiempo, se las toma menos en serio.

Los autores del estudio reconocen que mediante maquillaje se pueden acentuar alguno de estos rasgos, por ejemplo realzar las mejillas.

Utilizando modelos matemáticos y midiendo la respuesta cerebral a ciertos rasgos faciales generados en un ordenador también se pudo comprobar que, en general, nuestro cerebro confía más en aquellas personas que tienen unas mejillas prominentes y unas cejas elevadas que en aquellas otras personas que tienen las cejas bajas y pobladas, arrugas en la frente, entrecejo fruncido y especialmente mejillas hundidas, según los expertos.

Al parecer, cuando vemos a alguien con rasgos aniñados, se activan en nuestro cerebro, además de  la zona fusiforme, una parte del cerebro especializada en el reconocimiento facial y zonas relacionados con el cariño maternal y la emoción que sienten las madres hacia sus hijos, en concreto, la amígdala.

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