Qué es el liderazgo

¿Quieres saber qué es el liderazgo y qué rasgos tienen los líderes? En esta guía te explico todo lo que necesitas saber sobre liderazgo.

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Qué es el liderazgo

Definir qué es liderazgo es difícil. Quizás deberíamos empezar definiendo qué no es liderazgo:

El liderazgo no tiene nada que ver con la antigüedad en la empresa o con el puesto que ocupas en la jerarquía. Popularmente se equipara a los directivos de una empresa como si fueran los líderes de la misma, pero el liderazgo no viene junto con un sueldo alto.

El liderazgo no tiene nada que ver con el puesto que ocupas. Ser el jefe no te convierte automáticamente en un líder. No es necesario ocupar un alto cargo en la empresa para ser un líder, de hecho mucha gente ejerce el papel de líder en su iglesia, en su vecindario o en su familia, sin que nadie le haya nombrado jefe de nada.

El liderazgo no tiene nada que ver con los atributos personales. Mucha gente piensa que para ser un líder tienes que tener un carácter dominante y una personalidad carismática. Este suele ser el caso de personas que han tenido un papel importante en la historia, pero no es necesario ser ni extrovertido ni carismático para ejercer el liderazgo. De hecho, ser una persona carismática no te convierte automáticamente en un líder.

Liderar no es lo mismo que gestionar. Puede que tengas a muchas personas a tu cargo y que seas un buen gestor. Los gestores fijan objetivos, controlan la evolución de la empresa, coordinan recursos, resuelven problemas, contratan y despiden a empleados y otras muchas cosas. Es decir, un gestor gestiona cosas, pero un líder lidera personas.

Podríamos definir el liderazgo como el proceso de influencia social que maximiza los esfuerzos de otros para conseguir un determinado objetivo.

Es decir, que el liderazgo debe cumplir estas cuatro características:

  • El líder tiene influencia sobre el grupo, y esta influencia no deriva de su cargo.
  • El líder tiene seguidores, no subordinados.
  • Hay tantos estilos de liderazgos como líderes. Es decir, que no hay unos rasgos de personalidad que definan el líder universal.
  • El líder persigue un objetivo, liderar no es sólo influir sobre los demás.
  • El líder sabe cómo hacer que sus seguidores den lo máximo de sí mismos para alcanzar la meta

Características del líder

Tradicionalmente, a los líderes efectivos se les atribuyen ciertos rasgos de personalidad, como…

  • Inteligencia
  • Aceptación del cambio
  • Dominio de sí mismo
  • Conocimiento de su yo interno
  • Capacidad de centrarse en lo importante

Pero todas estas características no son sólo propias de los líderes, son también deseables en cualquier persona, ocupe el puesto que ocupe en la sociedad.

Los líderes también tienen la capacidad de convertir en realidad sus sueños y de hacer que su visión del mundo sea también la de sus seguidores.

Los líderes también necesitan ser buenos comunicadores. También deben ser capaces de motivar a sus seguidores para perseguir las metas que ellos han definido.

El liderazgo no viene con el título ni con el puesto de trabajo. Un líder puede ocupar cualquier puesto en la organización, siempre que tenga la capacidad de motivar a aquellos con los que trabaja para que colaboren para alcanzar un objetivo común.

Probablemente los líderes también reúnen una serie de rasgos de personalidad que son más importantes que meramente ser inteligentes. Entre estos rasgos se incluyen:

  • Son sociables
  • Tienen ambición
  • Son curiosos
  • Son extrovertidos
  • Son asertivos
  • Son empáticos
  • Tienen inteligencia social

Dado que estos rasgos se heredan genéticamente, la genética parece tener un papel en la formación de un líder. Sin embargo, se ha comprobado que la genética apenas supone un tercio de la capacidad de liderazgo.

Es decir, que dos tercios de las características de un buen líder provienen de factores del entorno, como la educación, la formación, auto-realización y experiencia.

El líder como inspirador de otros

Los líderes no se centran sólo en lo que hay que hacer (la tarea) o en la estrategia para alcanzar las metas. También tienen que relacionarse con los demás y ayudar a elevar el estado de ánimo del grupo.

Una buena manera de generar buen ambiente en el grupo es ser agradecido y no ser tacaño en el halago a los méritos de los demás.

El líder nunca se apropia de las ideas de los demás, sino que le atribuye a cada uno el mérito del éxito que le corresponda y agradece su aportación y su esfuerzo en la consecución del objetivo común.

Se ha comprobado que cuando hay un buen ambiente de trabajo, los empleados son más productivos y tratan mejor a los clientes si están de cara al público.

Avances en la ciencia del liderazgo

Los recientes avances en Psicología Social han descubierto el secreto para un liderazgo efectivo. Algunos de estos avances contradicen lo que se sabía hasta ahora sobre liderazgo.

El liderazgo universal

Hasta no hace mucho, se consideraba que la clave para un liderazgo efectivo estaba en el carisma, la inteligencia y otros rasgos personales del líder.

También se pensaba que el líder utiliza su talento natural para dominar a sus seguidores y decirles lo que tienen que hacer, al tiempo que les transmite su entusiasmo y energía, algo de lo que probablemente carecen.

Es decir, que hasta ahora se creía que sólo las personas que tienen suficiente carácter y fuerza de voluntad pueden llegar a ser líderes, y que los líderes actúan como tales ante cualquier situación y sean cuales sean las circunstancias a las que se enfrentan.

Análisis del comportamiento del líder

Los recientes avances en Psicología se centran en estudiar el comportamiento del líder, más que en conocer sus características y rasgos personales.

Según estos avances en la ciencia del liderazgo, para ser un líder efectivo hay que centrarse en intentar comprender los valores y opiniones de sus seguidores, más que actuar de forma autoritaria intentando imponer los suyos.

Comprender los valores y las opiniones de las personas que siguen a un líder le permite a éste iniciar un diálogo con sus seguidores para establecer entre todos cuál sea la esencia del grupo y cómo debería actuar.

Por lo tanto, la nueva teoría del liderazgo dice que el líder es la persona que que da forma a lo que los seguidores quieren hacer, no aquella persona que exige una obediencia ciega e impone sus puntos de vista a base de recompensas y castigos.

Puesto que la efectividad del líder depende del apoyo y la cooperación de sus seguidores, el proceso de liderazgo no va sólo de arriba a abajo. De hecho, para que el líder tenga credibilidad entre sus seguidores, debe intentar ser uno más del grupo, en lugar de posicionarse por encima. Por ejemplo, es importante que al dirigirse a sus seguidores, el líder emplee el mismo tipo de expresiones que ellos utilizan al hablar, para que haya una total sincronía y el mensaje sea bien recibido por los seguidores.

Por lo tanto, no hay unos rasgos fijos que definen al un líder efectivo, porque los rasgos del líder dependen de la naturaleza del grupo de seguidores. Por eso los líderes más efectivos se muestran lo más próximos a sus seguidores, potenciando aquellos rasgos que les hacen más cercanos y evitando parecer un miembro de la élite.

Una vez que el líder se ha ganado la confianza de sus seguidores, puede utilizar su poder para definir los objetivos del grupo. Por ejemplo, si un grupo se siente amenazado, puede que el objetivo del líder sea dirigir la defensa del grupo frente al ataque exterior. Este es el caso de los dirigentes de una nación en guerra.

El líder carismático

El carisma es algo difícil de definir, pero incluye la habilidad de mostrar capacidad para alcanzar lo que uno persigue y confianza en que lo va a conseguir.

El líder carismático demuestra por medio del lenguaje corporal que entiende lo que sienten sus seguidores. También tiene habilidad para la oratoria y capacidad para persuadir a los demás.

No todos los expertos en liderazgo están de acuerdo en que el líder debe ser una persona carismática, pero al menos coinciden en que tener carisma ayuda a ser un líder efectivo.

La idea de un líder carismático se debe al sociólogo alemán Max Weber, que hace ya casi 100 años dijo que la labor del líder es dirigir el Estado con mano de hierro para evitar los males propios de la sociedad industrial.

Después de la Primera Guerra Mundial, en algunos países, como Italia y Alemania, sus ciudadanos apoyaron a líderes autocráticos (Hitler y Mussolini) como única solución al colapso de sus economías. Incluso en Estados Unidos se impuso la idea de que era necesario un liderazgo más fuerte para salir de la crisis económica, de ahí las medidas intervencionistas impulsadas por el presidente Roosevelt, conocidas popularmente como «New Deal».

La persona narcisista

Muchas personas con una personalidad narcisista quieren alcanzar la posición de líder del grupo. Algunos incluso son personas con altas dosis de carisma y en tiempos crisis logran reunir un grupo de seguidores.

Pero la persona narcisista suele pensar que siempre tiene razón, no acepta ninguna crítica, buscan siempre el halago y carecen de empatía. Por eso, a la larga, las personas narcisistas casi siempre fracasan en puestos donde se requiera ejercer el liderazgo.

En el caso de que las personas narcisistas funden su propia empresa, esta casi siempre está abocada al fracaso y a la quiebra.

El líder de contingencia

En los años 60 y 70 del siglo XX, surgen los modelos de contingencia para estudiar cuál es el liderazgo más efectivo.

Psicólogos como Fred Fiedler sugieren que el secreto de un liderazgo efectivo está en buscar a la persona idónea para dirigir un grupo en función de los retos a los que se enfrenta.

Es decir, que no existe el líder perfecto para un grupo, sino que cada reto exige un tipo de líder distinto y que las características y rasgos del líder más efectivo dependen del contexto, no hay líderes universales.

El liderazgo transformativo

A finales de los años 70 del siglo XX surge la teoría del liderazgo transformativo, que recoge la idea de que tan sólo alguien que reúna una serie de atributos únicos es capaz de liderar las transformaciones que se necesitan en la sociedad o en la estructura de las organizaciones.

Vuelta al liderazgo de contingencia

En estos momentos el consenso parece estar en reconocer que un liderazgo efectivo exige la simbiosis entre los líderes y sus seguidores. Por lo tanto, el líder debe conocer perfectamente la psicología del grupo que lidera para que el liderazgo sea efectivo.

La identidad social

Desde los años 70 del siglo pasado se sabe que un grupo puede restructurar la psicología de sus miembros, lo que se conoce como identidad social.

La identidad social se refiere a esa parte de la personalidad de una persona que se define por su pertenencia a un grupo. Identificarse con un grupo hace que las personas se comporten como miembros de ese grupo, por ejemplo, como personas católicas practicantes o musulmanes practicantes.

La identidad social es, por tanto, lo que hace que exista un comportamiento de grupo. También permite que los miembros del grupo lleguen a un consenso sobre aquellos temas que les atañen y que coordinen sus acciones para alcanzar los fines del grupo con el que se identifican.

El liderazgo de un grupo presupone la existencia de ese grupo, de esa conciencia social de pertenencia que siente cada uno de sus miembros. El líder es más efectivo cuando consigue que sus seguidores se identifiquen como miembros de un determinado grupo y que acepten los objetivos del grupo como suyos y sus intereses como propios.

La identidad social es el fundamento de los estados nación que surgen en el siglo XIX. Hasta el momento en que surgen las naciones, los reyes eran simples autócratas, que utilizaban su poder sobre sus súbditos, sin llegar a ejercer un verdadero liderazgo.

En el momento en que las personas se reconocen como nacionales de un país determinado, sus dirigentes necesitan demostrar su patriotismo para ser aceptados como líderes de un colectivo que comparte una misma identidad nacional.

Recientemente se llevó a cabo un experimento sobre el comportamiento de las personas que simulan convivir en una prisión, bien como internos o como guardianes.

En el experimento se pudo comprobar que entre los que hacían de internos surgía siempre la figura de un líder, pero no así entre los que hacían de guardianes.

La explicación parece estar en que los internos desarrollan una fuerte identidad de pertenencia a un grupo (identidad social) que tiene como objetivo resistir la autoridad de los guardianes.

Sin embargo, los guardianes no sienten esa sensación de pertenecer a un colectivo o identidad de grupo, en parte porque algunos guardianes no se sienten a gusto en el papel que autoridad. Por lo tanto, no todos los guardianes quieren formar parte del colectivo de guardianes, y por lo tanto nadie se erige en líder de un grupo que ni siquiera se ha llegado a formar o que lo hace sólo de forma incipiente.

El líder como representante del grupo

Cuando se da el caso de que un colectivo comparte una misma identidad de grupo, técnicamente llamada identidad social, aquellos que mejor representan esa identidad se convierten de forma natural en los líderes efectivos del grupo.

Es decir, que los mejores líderes son aquellos que mejor representan al prototipo de miembro del grupo. Son aquellos miembros que no sólo se sienten parte del colectivo, sino que ejemplifican mejor aquello que hace que un grupo sea distinto a otro y superior a sus rivales.

Por ejemplo, cuando un político intenta conectar con sus seguidores, habla como ellos, incluso cometiendo algunos errores gramaticales propios del habla popular, con el fin de alejarse de la imagen que tiene entre el pueblo la élite de privilegiados que han estudiado en las mejores universidades del país. Normalmente estas élites son despreciadas por las clases populares y objeto de su ira en tiempos de crisis.

La manera de vestir del líder también debe ser acorde al colectivo que representa y lidera. Por ejemplo, los líderes de los países del tercer mundo han ido abandonando poco a poco la vestimenta occidental que era el estándar en los años 60 y 70 del siglo XX para ir adoptando poco a poco el atuendo tradicional de sus respectivos países, ya sea la vestimenta árabe, india u oriental.

Todos estos ejemplos contradicen la idea de que para ser un líder efectivo hay que reunir en una misma persona toda una serie de rasgos y comportarse de una determinada manera. Al contrario, los rasgos que hacen que un líder sea efectivo no pueden ser universales, sino que tienen que encajar con la cultura del grupo que lideran, y son distintos para cada colectivo.

Incluso rasgos como la inteligencia, que parecen ser útiles para ser un líder en cualquier grupo o circunstancia, pueden no ser tan óptimos en ciertos entornos. Por ejemplo, hay colectivos que valoran más un líder fiable y campechano que uno de mente brillante. Para estos grupos, seguir a un tipo demasiado listo puede ser arriesgado por la posibilidad de que alguien que tiene una capacidad mental superior les engañe.

En ocasiones, un grupo busca en su líder rasgos de los que carece el líder del grupo rival. Por ejemplo, si el líder del grupo rival es muy inteligente, pero poco considerado el resto de miembros, puede que elijan como líder de su propio grupo a una persona no demasiado inteligente pero muy comprometida con el bienestar de todos los miembros del grupo. Pero si el líder del grupo rival no es muy inteligente, entonces con toda seguridad los miembros del grupo elegirán como líder de grupo a una persona inteligente.

Cualquier cosa que aleje al líder de los miembros del grupo pone en peligro la efectividad de su liderazgo. Por ejemplo, actuar de forma arrogante mostrando superioridad frente al resto, tratar al resto de miembros del grupo de forma desdeñosa o irrespetuosa o no escuchar cuando hacen alguna petición perjudican enormemente la credibilidad del líder y su capacidad de influencia sobre el resto.

Igualmente, si el líder tiene unos ingresos muy superiores al resto del grupo, genera el rechazo del colectivo de miembros. Este es uno de los principales problemas que perjudica la capacidad de liderazgo de los directivos de las grandes y medianas corporaciones, e incluso de algunas empresas pequeñas, donde el propietario recibe unos ingresos muy superiores a los de sus empleados.

Se ha demostrado que las diferencias salariales perjudican enormemente el rendimiento de los miembros del grupo, no así el rendimiento de los líderes, que siempre se esfuerzan al máximo independientemente de que cobren más o igual que el resto de los miembros del grupo.

Unos directivos con salarios excesivamente altos se perciben por el resto de los empleados como adversarios, nunca como colegas y menos aún como líderes a seguir de manera incondicional.

En las empresas que tienen una estructura salarial con grandes diferencias de sueldo, los empleados no sienten que forman parte de la empresa y tan sólo buscan su interés personal, aunque este difiera del interés de la empresa para la que trabajan.

La injusticia impide un liderazgo efectivo

Una de las cualidades que más admiran los seguidores en un líder es la ecuanimidad y la justicia, y la desigualdad en la remuneración siempre se percibe como una injusticia por los miembros de cualquier grupo, por eso el líder no debería cobrar mucho más que los demás, si quiere que su liderazgo sea efectivo.

Qué se entiende por ser justo puede variar de unos grupos a otros, pero, en general, se entiende que el líder actúa de manera justa si ayuda a los demás, en lugar de aprovecharse de su posición de líder para obtener un beneficio.

El líder también suele ser responsable de administrar justicia entre los miembros del grupo. Un líder justo debe evitar el favoritismo, porque siempre lleva a que haya rencillas y disputas entre los miembros del grupo.

Sin embargo, se ha comprobado que los miembros del grupo siempre esperan que su líder les apoye cuando se enfrentan a los miembros de otro grupo, aunque eso suponga actuar de forma injusta con los últimos.

El único caso en que los miembros del grupo no desean que su líder favorezca a los miembros del grupo frente a los de fuera es cuando la igualdad y la justicia de trato de todos los hombres forma parte de los valores de todos los miembros. Es el caso, por ejemplo, de las organizaciones en defensa de los derechos de los refugiados, que no comparten que los nacionales de un país tengan más derechos que los extranjeros.

Por lo tanto, un liderazgo efectivo no supone actuar conforme a unas reglas universales, sino más bien comprender los valores del grupo que lidera y las acciones que se consideran legítimas para un líder en ese grupo en particular.

El discurso del líder

Liderar un colectivo no es tan sólo comprender las normas del grupo y actuar según las mismas. Para movilizar a una masa de personas, también hay que ayudar a crear esas normas.

A menudo, el líder genera o modifica la identidad social del grupo a través de las palabras. Los líderes más efectivos definen la identidad social del grupo para que encaje con los objetivos que quieren promover, de manera que estos objetivos pasen a formar parte de las creencias de los miembros del grupo.

Hay una relación recíproca entre la realidad social y la identidad social: la identidad influye en el tipo de sociedad que crean los individuos y la sociedad, a su vez, afecta las identidades que adoptan los individuos.

Una identidad que está fuera de la realidad y que no tiene ninguna posibilidad de hacerse real será pronto descartada en favor de alternativas más viables.

El líder efectivo no sólo se preocupa de que las identidades del grupo sean reales, también ayuda a sus seguidores a sentir que la identidad es real. Los rituales y la simbología ayudan a conseguir este objetivo reproduciendo en mundo en miniatura. Por ejemplo, los actos organizados por los Nazis en Nuremberg eran una representación de la concepción autoritaria de la sociedad que tenían Hitler y otros dirigentes de este partido. En estos actos el líder ascendía a un podio desde donde se dirigía a una multitud perfectamente distribuida y alineada por rangos.

Conclusión

La efectividad de un líder no recae sólo en sus manos, no importa cuán habilidoso sea. Como hemos visto, los líderes dependen de cómo les ven sus seguidores, del atractivo de sus postulados (identidad social) y de los rituales y ceremonias utilizados para reforzar su poder.

Para que un líder sea efectivo, por tanto, debe compartir una misma identidad social con sus seguidores, que será la base para un proyecto común que les guíe y les motive a actuar para alcanzar unos determinados objetivos.

La división de la responsabilidad entre el líder y sus seguidores depende del tipo de grupo. En los casos más autoritarios, el líder tiene la responsabilidad única de crear la identidad social del grupo y de castigar a los disidentes. En los casos más democráticos, el líder dialoga con sus seguidores sobre cuál es la identidad del grupo y los objetivos que persigue.

Ya sea un grupo autoritario o democrático, el desarrollo de una identidad social es la base de un liderazgo a la vez influyente y creativo. En definitiva, si tienes la posibilidad de definir la identidad social, puedes cambiar el mundo.

Cómo convertirse en un líder

Un líder poco efectivo puede hundir una organización. Sin embargo, hay personas que llegan a puestos directivos y que cometen errores y fallos, como la falta de honestidad e incluso la corrupción.

Cuando el líder pone su interés personal por encima de la ética o del interés de la organización para la que trabajan, no sólo ponen en riesgo su puesto, sino también el futuro de la organización.

La solución a estos líderes corruptos que ponen en riesgo las organizaciones que dirigen es una mayor trasparencia y una cultura de la responsabilidad.

Qué errores cometen los líderes

El poder hace que las personas muestren un exceso de confianza sobre su capacidad para juzgar, liderar y valorar los riesgos.

Para hacer el problema aún peor, hay muy pocas personas que se atrevan a llevar la contraria al líder, debido a la cultura de obediencia ciega que existe en sus organizaciones.

Esta combinación de exceso de confianza e incapacidad para aceptar la crítica es letal para las organizaciones. Los expertos dicen que los líderes deberían fomentar el pensamiento crítico entre sus seguidores y pedirles su opinión sobre los temas transcendentales para la organización. Esta opinión, bien de los seguidores o de terceros, debería valorarse de manera objetiva y sin prejuicios.

Cómo puede el líder crear un buen ambiente de trabajo

Se ha comprobado que apenas un 1% de los empleados de las empresas se sienten libres para dar su opinión o realizar una crítica al líder.

Las organizaciones que permiten que los miembros participen y den su opinión sobre determinados temas, de manera constructiva, aunque sin ahorrarse la crítica cuando sea necesario, cometen menos errores y sus líderes permanecen en el cargo durante más tiempo.

El líder debería fomentar esta cultura de la participación preguntando a sus seguidores y animando a que den su opinión sobre algún tema. Una buena costumbre, por ejemplo, sería, en una reunión de trabajo, esperar a que todos hablen antes de tomar la palabra.

El jefe de ventas como líder de grupo

El jefe de ventas debe de ser un buen líder, de lo contrario, su autoridad jerárquica se verá saboteada constantemente por los vendedores y será difícil que se alcancen los objetivos previstos.

Afortunadamente, el liderazgo es uno de los temas más estudiados en Psicología Social.

Los primeros estudios proponían un líder como un gran hombre que posee ciertos rasgos de personalidad que le convierten en una persona carismática. Se suponía que estos rasgos son universales y válidos para cualquier tipo de grupo y bajo cualquier tipo de circunstancia.

Rasgos de un buen líder

Cuáles son esos rasgos universales que definen a un buen líder es un motivo de controversia entre los investigadores hasta el día de hoy. Quizás, el rasgo universal más mencionado en la literatura especializada en el tema es la extroversión, ya que no se concibe como líder a una persona introvertida.

También parece que hay acuerdo en que la capacidad para asumir ciertos riesgos es un rasgo imprescindible para ser un buen líder. Por último, la inteligencia social, es decir, la capacidad de captar la sensibilidad de un grupo, y la inteligencia emocional, es decir, la capacidad de empatizar con sus miembros, parece que favorece que alguien pueda llegar a desempeñar bien el papel de líder del grupo.

Estilos de liderazgo

Otros estudios se han centrado más en el estilo de liderazgo que más conviene dependiendo de las circunstancias. Así, en ciertos casos es preferible un tipo de liderazgo más autocrático, generalmente, en situaciones donde se requiere tomar acciones urgentes, y en otros casos es mejor que el liderazgo sea más democrático o participativo, generalmente, en pequeños grupos de iguales donde prima la cooperación sobre la urgencia.

La afinidad del líder con los miembros del grupo

Más recientemente, en un libro que ha tenido una gran repercusión, se dice que para que un determinado grupo siga a un líder debe de existir una gran afinidad, es decir, que no es posible que un grupo reconozca a un líder con el que no se identifique, independientemente de que tenga o no ciertos rasgos de los llamados universales que, en teoría, definen a un gran líder.

Los rasgos de un mal líder

Lo que se ha visto es que existen ciertos rasgos de personalidad que impiden que alguien se convierta en el líder de un grupo de personas, por ejemplo, el demostrar desprecio hacia los demás, ya que las personas nunca siguen voluntariamente a alguien que se siente superior a ellos y lo demuestra en sus palabra o en sus actos.

Tampoco se acepta de buen grado la desigualdad, por ejemplo, las personas no reconocen como líder a alguien que gane un sueldo varias veces superior al sueldo medio del grupo.

Tampoco se acepta la injusticia dentro del grupo, y, por eso, las personas tampoco reconocen como líder a alguien que actúa con favoritismo hacia una parte del grupo en detrimento de otra u otras, pero sí que aceptan que el líder favorezca, aunque sea de forma injusta, a un miembro del grupo frente a alguien que no pertenece al mismo, salvo que los miembros del grupo sean defensores de la equidad universal entre todos los seres humanos.

¡Importante!

Todo esto nos lleva a la conclusión de que, para ser un buen líder, es más importante entender las características del grupo y adaptarse a ellas, que tener los supuestos rasgos y maneras de líder.

La permanencia del líder

Pero ser elegido como líder no significa que se pueda perdurar en el tiempo como líder. Para que un líder siga siendo el líder, es necesario que se estructuren mecanismos dentro del grupo que hagan realidad aquello que el líder promete.

Así, si el líder de un grupo promete que va a fomentar la participación de los miembros del grupo en la toma de decisiones, es necesario que se faciliten mecanismos de participación efectiva, en caso contrario, los miembros del grupo dejan de creer en la capacidad de liderazgo de esa persona.

El liderazgo transformativo

En el mundo de la empresa, los estudios de investigación más recientes parece que confirman la efectividad de un estilo de liderazgo que se ha venido a llamar “liderazgo transformativo” o “liderazgo transaccional”, aunque, en realidad, hay una ligera diferencia entre uno y otro, ya que el primero hace énfasis en la capacidad para motivar a los empleados y sacar lo mejor de cada uno de ellos, y el segundo hace referencia a la capacidad para premiar adecuadamente a aquellos que cumplan de manera satisfactoria lo que se espera que hagan.

Según parece, las personas tienden a seguir a aquellos que les inspiran, que demuestran tener visión de futuro y que se apasionan por lo que hacen. El líder transformativo es esa persona capaz de inyectar energía y entusiasmo en los miembros de su equipo para, así, lograr que se alcancen los objetivos previstos.

Los rasgos que definen a un líder transformativo son:

  • Actúa como un mentor para todos los miembros de su equipo, ofreciendo su apoyo y su afecto sincero, escuchando sus problemas y preocupaciones, teniendo en cuenta las características personales de cada uno y respetando las diferencias, reconociendo los méritos individuales y recompensando a cada uno como se merece por su contribución a la consecución de los objetivos.
  • Fomenta la creatividad y la participación de todos los miembros del equipo, promueve el pensamiento crítico e independiente, nunca se niega a que le pregunten y aprovecha cada problema que surja para aprender y probar cosas nuevas.
  • Transmite una sensación de optimismo contagiosa, inspira a los miembros del equipo para dar lo mejor de si mismos y se muestra decisivo, nunca dubitativo, a la hora de hacer frente a los problemas que surjan, aunque siempre comunicando la razón de por qué hace las cosas. Su energía se contagia a los miembros del equipo y genera un sentimiento generalizado de confianza en que el éxito está al alcance de la mano.
  • Se comporta de forma ética y sabe ganarse el respeto de los demás. También sirve de modelo de comportamiento y hace que todos los miembros de equipo se sientan orgullosos de formar parte del mismo.

¡Importante!

La buena noticia es que los líderes transformativos no nacen, sino que se hacen, al menos en parte. Los estudios realizados dicen que, con el tiempo y poco a poco, de manera incremental, cualquier persona que tenga unas mínimas dotes para relacionarse con los demás puede aprender a ser un buen líder transformativo o, al menos, un mejor líder de lo que era antes del proceso de formación.

https://hbr.org/2004/01/understanding-leadership

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