Psicobiología de la motivación: qué es lo que nos motiva a actuar

¿Sabes qué es lo que motiva a los seres humanos? ¿Conoces dónde están los centros del placer en nuestro cerebro? En este artículo te lo explicamos.

Qué es lo que motiva a los seres humanos

Hay dos cosas que motivan a los seres humanos, las necesidades más básicas, como dormir o comer, y las recompensas. Cualquier cosa nos motiva siempre que actúe como recompensa.



Las recompensas hacen que nos sintamos bien, que sintamos placer; y eso ayuda a que los seres humanos repitan ciertos comportamientos, como aprender cosas nuevas, o consumir ciertas sustancias.

El sistema de nuestro cerebro que procesa estas recompensas y las traduce en sensaciones placenteras se conoce como sistema dopaminérgico o sistema de recompensa, en inglés, reward system.

Qué es el sistema de recompensa y los centros del placer de nuestro cerebro

Las neuronas que forman los diferentes centros del placer en nuestro cerebro se comunican entre sí a través de un neurotransmisor que se llama dopamina, de ahí que al sistema de recompensa de nuestro cerebro se le conoce como sistema dopaminérgico.

En concreto, las neuronas de la área tegmental ventral (VTA) de nuestro cerebro se comunican con otra zona conocida como el núcleo accumbens para procesar las recompensas y motivar así la repetición del comportamiento que causa placer.

Sistema dopaminergico
Sistema dopaminérgico

Las neuronas que fabrican la dopamina se activan cuando hay expectativas de que vamos a recibir una recompensa, y eso es lo que realmente nos motiva a repetir el comportamiento placentero.

La dopamina también ayuda a que recordemos cosas. En concreto, fortalece las sinapsis, que son los puntos donde las neuronas pasan mensajes unas a otras, de las neuronas del hipocampo, que es la estructura neuronal más directamente relacionada con la memoria y el aprendizaje de cosas nuevas.

Sistema dopaminérgico

La dopamina también actúa sobre amígdala, que es la zona del cerebro donde se procesan las emociones. Esto hace que se cree una relación emocional entre la recompensa y las sensaciones placenteras que genera.

También actúa sobre la corteza prefrontal, que es el área de nuestro cerebro relacionada con la planificación y el pensamiento racional. Esto hace que nuestro cerebro busque nuevas maneras de conseguir acceder a esa recompensa que nos produce esas sensaciones tan placenteras.

La expectativa de poder conseguir una recompensa

No es la recompensa en sí misma, sino la expectativa de recibir una recompensa lo que influye en las emociones y en la memoria y lo que realmente motiva a los seres humanos.

Las recompensas nos afectan realmente cuando difieren de lo que esperábamos. Entonces es cuando se genera una reacción emocional en nuestro cerebro que se nos queda grabada en la memoria. Este es el mecanismo principal del aprendizaje.

Si la recompensa coindice con lo que esperábamos, entonces no deja huella en nuestra memoria, no nos afecta emocionalmente, porque ya habíamos descontado lo bien que nos íbamos a sentir al recibirla.

El hecho de que la recompensa recibida difiera de lo esperado nos puede afectar positiva o negativamente. Si la recompensa es mayor de lo que esperábamos, entonces se incrementa la secreción de dopamina en nuestro cerebro. Por el contrario, si la recompensa es menor de lo que esperábamos, se reduce la secreción de dopamina en el cerebro.

Como ya hemos dicho, si la recompensa es tal y como esperábamos, entonces la dopamina del cerebro permanece inalterable, porque nos descubre nada nuevo, es lo que ya sabíamos. Por eso no nos motiva recibir lo esperado, porque lo dábamos por descontado, un proceso que se conoce como habituación.

La segregación de dopamina varía de persona a persona. El cerebro de algunas personas reaccionan mejor a la recompensa que a los castigos, mientras que otros responden mejor a estos últimos.

La respuesta a las recompensas y los castigos tiene que ver con la amígdala. Se ha comprobado que las personas más ambiciosas, aquellas que están dispuestas a trabajar más duro para conseguir aquello que buscan, tienen una mayor actividad dopaminérgica en una zona del cerebro conocida como el cuerpo estriado y en la corteza prefrontal. Es por eso que se cree que estas dos zonas del cerebro están muy relacionada con la motivación.

Los neurocientíficos estudian actualmente cómo valora el cerebro humano la relación entre el tipo de recompensa prometida y el riesgo asociado a la probabilidad de no alcanzarla. Las personas tienen que hacer una valoración subjetiva de las dos cosas para decidir si merece la pena seguir esforzándose para alcanzar la recompensa o es mejor abandonar, bien porque la recompensa no merece la pena o bien porque se antoja demasiado difícil de alcanzar.

De todos es sabido que la edad afecta al valor subjetivo que damos al riesgo, y que los adolescentes, en general, están dispuestos a asumir riesgos que a los adultos les parecerían inasumibles.

Corteza prefrontal
Corteza prefrontal

Al parecer, la valoración subjetiva del riesgo se produce en la corteza prefrontal. En esta valoración influye especialmente la corteza prefrontal lateral, una zona del cerebro relacionada con el autocontrol. Esta zona del cerebro no alcanza su madurez hasta la edad adulta. Pero la corteza prefrontal se va deteriorando con la edad, por eso las personas mayores a veces toman decisiones excesivamente arriesgadas.

Exceptuando en el caso de ciertas patología, el sistema de recompensas del cerebro refuerza aquellos comportamientos asociados a recibir una recompensa e inhibe aquellos otros que llevan a un castigo.