¿Sabes realmente cómo te vas a sentir si te ocurre algo?

Las personas tenemos una capacidad limitada para predecir nuestras propias emociones, es decir, creemos que sabemos bien cómo nos vamos a sentir a consecuencia de algo, pero en la práctica nuestras predicciones suelen ser erróneas.

A veces, hasta predecimos mal el sentido (valencia) de nuestras emociones. Por ejemplo, creemos que algo nos va a hacer felices cuando, después, resulta que nos deja indiferentes. Esto se produce, sobre todo, cuando se experimenta algo por primera vez. Cuando algo ya se ha experimentado, el sentido de la emoción, al menos, suele ser el correcto.

También, según la misma fuente, tenemos dificultades para predecir el tipo de emoción que algo nos va a causar (felicidad, disgusto, placer, odio, ansiedad, etcétera), sobre todo cuando algo nos produce una mezcla de emociones y, especialmente, si nos produce emociones positivas y negativas a un tiempo, ya que la mente humana tiende a simplificar las cosas y no concibe este tipo de contradicciones.

También tenemos tendencia a sobrestimar la duración y la intensidad de las emociones que nos va a generar un evento en el caso de que se produzca, es decir, el impacto de ese evento sobre nuestro estado emocional, lo que se conoce como el Error en el Impacto.

Esto ocurre, según la misma fuente, tanto si predecimos que va a tener efectos positivos, como si predecimos que va a tener efectos negativos sobre nuestro estado de ánimo, ya que tendemos a creer que algo, por ejemplo, comprar un coche nuevo, nos va a hacer inmensamente felices durante mucho tiempo, cuando, luego, la felicidad que nos produce, generalmente, ni era tanta como pensábamos, ni dura tanto como esperábamos.

En la práctica, según la misma fuente, cuando se produce el evento, ya sea algo temido o algo deseado, el impacto suele ser mucho menor de lo esperado. De hecho, al final, casi siempre descubrimos que no era para tanto y que no somos, ni tan felices, ni tan desgraciados como pensábamos.

Hasta en aquellos casos en que el impacto sobre nuestro estado de ánimo es importante, los efectos suelen ser temporales. Con el tiempo, volvemos a nuestro estado anterior. Es lo que se conoce como Efecto Regresión a la Media. Por ejemplo, casi todo el mundo piensa que el final de una relación sentimental les va a dejar devastados de por vida, pero, en la práctica, las personas se adaptan a las nuevas circunstancias en muy poco tiempo.

El error en la predicción afectiva también explica, posiblemente, por ejemplo, que cuando hacemos la compra y estamos hambrientos, por ejemplo, si hacemos la compra justo antes de la hora de la comida, y especialmente si vamos sin una lista de la compra, tendemos a comprar más de lo que necesitamos, o cosas que nos atraen en ese momento, pero que luego nos arrepentimos de haber comprado, por ejemplo, porque son perjudiciales para la salud.

Parece ser, según los estudios realizados sobre este tema, que la razón de este fenómeno es porque, en ese momento, no somos conscientes de nuestro futuro emocional, es decir, no pensamos en cómo nos vamos a sentir, por ejemplo, cuando lleguemos a casa y nos demos cuenta de que hemos comprado más cosas de las que necesitábamos, o comida que nos puede sentar mal o dañar nuestra salud. Es como si nuestro actual estado emocional se impusiera y nos obligara a hacer cosas de las que luego nos vamos a arrepentir.

Nuestra inclinación a satisfacer nuestros deseos a corto plazo nos hace olvidar los deseos a largo plazo. Por ejemplo, cuando te sientes hambriento, te olvidas de que, por ejemplo, te habías prometido a ti mismo hacer dieta y dejar de comer “chucherías”. Este fenómeno se conoce como el “lapso en la empatía”, es decir, la incapacidad para empatizar con nuestro propio futuro, o lo que es lo mismo, con nosotros mismos, pero en el futuro.

Las personas, en general, piensan que sus gustos nunca van a cambiar, y que aquello que les gusta ahora también les gustará en el futuro, algo que no se produce, un fenómeno conocido como error de proyección (projection bias). Según los autores del estudio. Este fenómeno explica porqué muchas personas compran más cosas de las que necesitan en este momento, especialmente bienes duraderos, llegando a veces a endeudarse de por vida para hacerlo y, en consecuencia, ahorrando menos de lo que sería deseable.

Estas son algunas de las razones por las que se producen errores en la predicción afectiva:

  • Errores de construcción: Si algo no se ha experimentado nunca o, simplemente, se desconoce que existe, es difícil, no ya saber cómo nos vamos a sentir, sino siquiera imaginar los detalles sobre cómo va a tener lugar el suceso, o en qué va a consistir. También es fácil pensar, quizás erróneamente, que el suceso va a ser igual que algo que nos ocurrió en el pasado y que, por lo tanto, vamos a sentir lo mismo que aquella otra vez.
  • Efecto Aislamiento: Las personas tienden a centrarse en aquello que diferencia dos alternativas, aunque sean similares, en lugar de centrarse en lo que tienen en común. Por eso, un cambio de una alternativa a otra similar, finalmente, no tiene el efecto deseado y no nos genera los sentimientos que esperábamos.
  • El encuadre (framing): La descripción que nos hace alguien de algo que todavía no hemos experimentado nos predispone a pensar que nos va a hacer sentir bien o mal.
  • Errores de memoria: Cuando pensamos en cómo nos hizo sentir algo, dependiendo de como acabó la cosa, olvidamos la parte buena o la parte mala. De ahí que, a veces erróneamente, pensemos que algo sólo nos va producir dolor o placer.
  • Errores de proyección: Si en este momento nos sentimos mal, tendemos a pensar que nada que hagamos nos va a producir placer, y al contrario.
  • Expectativas: Si las expectativas son muy altas, el evento, por ejemplo, una obra de cine, tiende a decepcionarnos, y al contrario.
  • Errores de predicción: Si nos sentimos felices, nos cuesta imaginar que en algún momento nos vamos a sentir tristes, y si acabamos de comer, nos cuesta imaginar que nos vamos a sentir hambrientos, y al contrario, por ejemplo, las personas tienden a comprar más en un supermercado justo antes de comer porque tienden a exagerar al predecir la cantidad de comida que necesitan para saciar su hambre.
  • Estereotipos y prejuicios: Por ejemplo, mucha gente piensa que tener más cosas o más dinero les va a hacer más felices, simplemente, porque es la creencia socialmente más aceptada.
  • Focalización: Las cosas raramente son sólo malas o buenas, pero nuestro cerebro tiende a focalizar la esencia, es decir, a fijarse sólo en las posibles consecuencias positivas o negativas y, de ahí, que la predicción del impacto que algo va a tener en nuestro estado de ánimo sea muy exagerada. Esto ocurre porque nuestro cerebro tiende a eliminar el detalle, que considera accesorio, y a quedarse sólo con lo esencial.
  • Racionalización: Cuando algo malo ocurre, es normal sentirse mal, pero, a continuación, las personas tendemos a buscar la causa, la lógica por la que se producen las cosas. Una vez que tenemos localizada la causa, generalmente, sabemos cómo controlarla para que no se produzca de nuevo. De esta forma, se reduce la ansiedad y el miedo y, por lo tanto, nos sentimos mejor.
  • Inmunidad emocional: Parece que la mayoría de las personas tenemos ciertos mecanismos que impiden que nos sintamos emocionalmente desechos. Estos mecanismos incluyen la defensa de la autoestima (nada puede impedir que, en nuestro interior, sigamos sintiéndonos importantes) o la reducción de la disonancia cognitiva (cambiamos nuestra forma de pensar para aceptar la nueva realidad).

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