Técnicas de venta para supermercados

Aquí te explicamos las técnicas que utilizan los supermercados para vender más:

La importancia del Marketing para Supermercados

Un reciente estudio de investigación sobre los hábitos de compra en los supermercados ha detectado el 82% de las decisiones de compra se toman dentro de la tienda. Esto da una idea del gran impacto que tiene el marketing para los supermercados.

Además, la tendencia es a dedicar cada vez menos tiempo a planificar lo que se va a comprar y a que las compras sean cada vez más impulsivas. De ahí la capacidad del marketing para influir sobre las decisiones que toman los clientes de los supermercados.

Veamos algunos ejemplos de técnicas y estrategias de marketing que se utilizan en los supermercados:

Lo primero, las frutas y verduras

Lo primero que encuentra el cliente que compra en un supermercado son los productos frescos (frutas y verduras), con sus atractivos colores. El cliente, de manera inconsciente, se siente mejor ante semejante despliegue de belleza.

El horno, cerca de la entrada

El horno donde se cuece el pan o se preparan alimentos como los pollos asados debe estar lo suficientemente cerca de la entrada para que el cliente que entra en el supermercado sienta el penetrante olor de pan recién horneado o la carne asándose a fuego lento. Nuestro cerebro recibe estos olores y hace que se activen las glándulas salivares. Cuando esto se produce, el cliente suele comprar más.

Los olores, tentadores

Aquellos supermercados que no hornean pan todo el día recurren a olores artificiales que se asemejan al verdadero olor a pan horneado y otras cosas tentadoras que nos abren el apetito. Como ya sabemos, los clientes con hambre compran más.

Los carros, grandes

Los carros de la compra de los supermercados son intencionadamente grandes, de manera que si compras poco, parece que estén vacíos. Se ha comprobado que hay una relación entre el tamaño de los carros de la compra y la cantidad de artículos que compra el cliente, en concreto, doblar el tamaño del carro de la compra hace que el cliente compre un 40% más.

Dificultar la salida

Una vez que entras en un supermercado, generalmente a través de una puerta que sólo se abre hacia dentro, el cliente está en cierto modo atrapado. Si decide salir sin comprar nada, debe buscar una salida para “clientes sin compra”. Para llegar allí, es preciso pasar por muchos pasillos en cuyos estantes se exponen todo tipo de artículos y ofertas tentadoras. Además, una vez que el cliente entra en la tienda siente que ya ha iniciado la acción de compra, por lo que no es probable que se marche de vacío.

La luz, sobre los productos frescos

La luz debe resaltar el atractivo de los productos frescos, especialmente los colores de las frutas y verduras o el brillo del pescado fresco.

Las verduras, siempre frescas

Para mantener frescos los productos procedentes de la huerta, es frecuente que se rocíe agua cada cierto tiempo mediante la instalación de un pulverizador de finísimas gotas de agua que se inicia periódicamente de forma automática. Las gotas de agua hacen que el cliente perciba las verduras como si estuvieran recién cortadas y además hace que las verduras y hortalizas pesen un poco más. Sin embargo, el agua es perjudicial para el producto y hace que se estropee antes.

Los lácteos, los huevos y el pan, lo más lejos posible

Casi todos los clientes que entran en un supermercado tienen que comprar lácteos (leche, yogur o queso), huevos y pan. Por eso estos alimentos básicos se sitúan al final de la tienda, de manera que para llegar a la sección de lácteos o a los huevos el cliente tenga que pasar delante de otras secciones donde se exponen artículos o ofertas que tientan al cliente.

Los artículos más comprados, en la mitad del pasillo

Los artículos que los clientes compran con más frecuencia siempre están situados en la mitad de los pasillos, de manera que para llegar a los mismos, primero tiene que pasar delante de otros artículos que quizás no había pensado comprar pero que puede que finalmente compre.

Esta técnica sirve para contrarrestar el Efecto Boomerang, que se produce cuando ciertos compradores, generalmente hombres, acuden al supermercado a comprar algo que necesitan y salen del establecimiento en cuanto que lo han encontrado.

Música ambiente para alargar el tiempo de compra

La música ambiente, según un famoso estudio de investigación realizado a principios de los 80, hace que los clientes permanezcan en el establecimiento un 34% más de tiempo, lo que se traduce en más compras. La música debe ser relajante y el ritmo más lento que el del corazón. Si lo que suena es música rápida, tiene el efecto contrario, y el cliente se apresura en sus compras para salir de la tienda cuanto antes.

Se ha comprobado que la música clásica induce a comprar artículos más caros y sofisticados.

La luz, artificial

Los supermercados carecen de ventanas al exterior para que el cliente no perciba el paso del tiempo, por ejemplo, detectando o el hecho de que se está haciendo de noche. La luz en un supermercado es una constante (no varía nunca), por lo que nuestro cerebro no tiene a su alcance uno de los elementos primordiales para detectar que pasa el tiempo.

Ausencia de relojes

Un reloj a la vista del cliente haría que fuera consciente del tiempo que lleva comprando, y eso es lo último que busca el propietario de un supermercado. Si no hay relojes a la vista, el cliente, que está absorto en hacer su compra, no es consciente de que pase el tiempo o de que se está haciendo tarde.

La oferta, abundante

La oferta de productos en un supermercado debe ser muy abundante, tanto en marcas como en variedad dentro de un determinado artículo. Elegir entre tantas alternativas es una tarea ingente para el cerebro humano. Se ha comprobado que hay un punto (en torno a los 40 minutos) a partir del cual el cliente deja de tomar decisiones racionales para hacer compras impulsivas en base simplemente a sus deseos (lo que le gusta en ese momento), lo que hace que compren aproximadamente un 50% de lo que pensaban.

Lo más rentable, a la altura de los ojos

Los artículos más caros o más rentables se deben situar a la altura de los ojos en las estanterías, lo que hace el cliente los vea fácilmente y que los compre más a menudo. Los artículos más baratos o las marcas blancas se colocan o a la altura del suelo, donde pasan desapercibidos para la mayoría.

Lo más rentable, en el centro del expositor

Cuando hay una gran variedad de marcas y calidades para un determinado artículo y se muestran todas una junto a otra, como ocurre, por ejemplo, con el champú para el pelo, los productos más rentables se deben situar en el centro, que es donde el cliente se fija justo antes de tomar la decisión de compra. Los artículos que se sitúan en los extremos tienen menos probabilidades de ser elegidos por el cliente.

Los productos para niños, a la altura de sus ojos

Los productos dirigidos al público infantil, por ejemplo, los cereales con formas y sabores especiales, se colocan a la altura de los ojos de los más pequeños, no a la altura de los ojos de los padres. De esta manera, los niños son conscientes de que existen y piden a sus padres que los compren. Estos lo suelen hacer para contentar a sus hijos, a pesar de que son alternativas generalmente más caras.

Los productos más rentables, en los lugares más visibles

Los productos más rentables para un supermercado se colocan en los lugares más visibles, que son los expositores situados al final/principio de las estanterías, en el pasillo central. Hay estudios que dicen que estos productos se venden hasta 8 veces más que aquellos que están alojados en las estanterías.

Se recomienda lo siguiente para este tipo de expositores:

  • Este tipo de expositores deben verse bien y ser lo más grande posible, sin llegar a interrumpir el tráfico de los carros de los clientes.
  • Introduce un efecto torre colocando algunos artículos a la altura de las rodillas, otros artículos a la altura de las caderas, otros artículos a la altura de la cintura. No sitúes nada más alto de la altura de los ojos.
  • Organiza los expositores del pasillo central por temática, de manera que el cliente tenga una idea de lo que va a encontrar en las estanterías de ese pasillo. Aprovecha estos expositores para la venta cruzada (artículos que están relacionados y generalmente se compran juntos).

Muchos compradores piensan que los artículos expuestos en estos expositores del pasillo central son artículos rebajados o en oferta, de ahí que se vendan mucho más. En realidad, el precio suele ser el mismo que tenían en las estanterías. La razón de que estén expuestos en sitios más visibles es el premium que paga el fabricante.

Los productos complementarios, agrupados

Se entiende por productos complementarios aquellos que se suelen comprar juntos, por ejemplo, el café y los filtros para la cafetera, o la pasta y las salsas para aderezarla. Por eso los supermercados los suelen colocar uno junto al otro, para asegurarse de que el cliente los compra juntos y así vender más.

Barajar los artículos

Para evitar que los clientes se aprendan de memoria la disposición de los artículos que necesitan habitualmente, muchos supermercados los cambian de sitio con frecuencia. El problema de que los clientes se aprendan de memoria la disposición del supermercado es que van directos a buscar aquello que necesitan en lugar de deambular por los pasillos. Esto último favorece que se encuentren las tentadoras ofertas y artículos nuevos que quizás desconocían, lo que hace que compren más. Por eso cambian el orden de las cosas con cierta frecuencia.

Juegos para niños estratégicamente situados

Algunas cadenas de supermercados llegan incluso a colocar algún tipo de atracción para niños cerca de los “chuches”. De esta manera, los niños piden a sus padres que les lleven a esa zona y, una vez allí, les atosigan para que compren alguna golosina.

Precios irracionales o psicológicos

Para confundir nuestro cerebro, los supermercados no redondean los precios, por ejemplo, en lugar de marcar un producto con un precio de 5,00€, lo marcan con un precio de 4,99€. Esta técnica de venta se basa en el tiempo que tarda nuestro cerebro en procesar algo. Es más fácil guardar el primer dígito de un número fraccionado en la memoria y luego decir que el producto cuesta cuatro euros y pico, que hacer el esfuerzo de redondear primero la cifra fraccionada para luego guardar en memoria un precio de casi cinco euros.

Los colores, estudiados

Elegir el color adecuado para las cosas es toda una ciencia. Por ejemplo, en un estudio de investigación patrocinado por un productor de plátanos se comprobó que los clientes prefieren los plátanos de color amarillo cálido (pantone 12-0752), en lugar del tradicional amarillo brillante (13-0858). Desde entonces, los productores de plátanos se esfuerzan para que el color de sus plátanos se acerque al que prefiere el cliente.

Anunciar lo que parece una oferta

Se ha comprobado que cuando se anuncia una oferta de tres artículos por 3€, el cliente compra más de media que cuando simplemente se indica que el precio del artículo es de 1€ (se sobreentiende que es el precio por unidad). En este caso, el precio por unidad es el mismo en los dos casos.

Esta técnica funciona incluso cuando el precio por unidad era de 0,89€, es decir, se sube el precio. Al parecer, el cliente asume que 3 por 3€ tiene que ser necesariamente una oferta.

Cuando se ofrece la posibilidad de comprar en grandes cantidades (envase familiar), el cliente automáticamente asume que lleva un descuento por volumen, aunque no sea así.

Poner un límite

Pese a lo que se pudiera pensar, poner un límite al número de unidades que se puede comprar de un determinado artículo sirve al cliente de acicate para comprar el total permitido. Por ejemplo, si se pone un cartel que diga “límite 12 unidades por compra” se ha comprobado que se doblan las ventas para ese artículo. La razón de esto parece estar en que cuando en la mente del cliente se fija un número, la tendencia es a comprar en torno a ese número. Este fenómeno se conoce en Psicología como anclaje.

Lo más caro, en la entrada

Los supermercados suelen ordenar los productos situando los artículos más caros en la entrada. Esto hace que cualquier producto parezca barato en comparación con esos primeros artículos que el cliente ha encontrado en la tienda.

Las tentaciones, en caja

Los supermercados ponen stands junto a las cajas con artículos tentadores (dulces y golosinas). Cuando los clientes están esperando para pagar, puesto que no están haciendo otra cosa, no pueden evitar fijarse en esos artículos y comprar algo, especialmente si van con niños. La caja también es un lugar idóneo para las revistas de cotilleo. Una vez que el cliente ha empezado a leer algo mientras espera a que le atiendan, siente que no puede salir de la tienda sin llevarse la revista.

Premiar la lealtad

La mayoría de los supermercados tienen métodos para premiar a los clientes habituales, ya sea con un programa de puntos, tarjetas de cliente, o regalos por comprar una determinada cantidad de producto. Las tarjetas además ofrecen una gran cantidad de información sobre los hábitos de compra del cliente.

Ofrecer muestras gratuitas

Ofrecer muestras gratuitas a los clientes incrementa las ventas. La razón es porque el cliente que acepta probar una muestra gratuita de algo se siente moralmente obligado a comprar el artículo. Esto sólo funciona si es una persona física quien da a probar el artículo. Si las muestras gratuitas se dejan sobre un stand para que el cliente se sirva libremente, no resultan efectivas como técnica de venta.

Los ganchos

Anunciar artículos en oferta atrae clientes. Una vez que están en la tienda, además de comprar el artículo en oferta, los clientes suelen comprar también otros artículos, aunque sean más baratos en las pequeñas tiendas, por ejemplo, productos perecederos.

Ofertas para envases “familiares”

Se ha comprobado que cuando más compra un cliente, más consume, de ahí que aunque esté ahorrando dinero al comprar artículos en envases de gran tamaño (generalmente más baratos), en realidad está gastando más porque también va a consumir más.

Aprovechar que el cliente tiene poca memoria

La mayoría de los clientes sólo recuerda el precio de aquellos tres o cuatro artículos que compran con más frecuencia, generalmente huevos, pan o leche, pero no tienen ni idea de lo que cuesta el resto de artículos. Como no tienen una referencia con la que comparar, no saben si lo que se anuncia como oferta realmente es mucho más barato.

Las cajas, muy estrechas

La mayoría de los clientes deciden no llevarse un artículo cuando ya están esperando a pagar en caja, momento en que tienen tiempo para repasar lo que han comprado. Para que les resulte más difícil sacar algo del carro y dejarlo fuera en ese momento, los supermercados hacen las líneas de caja cada vez más estrechas.

Grandes descuentos que no son tan grandes

Es frecuente encontrar la siguiente oferta: 50% descuento en la segunda unidad. En realidad el descuento es del 25%, aunque muchos clientes no llegan a hacer el cálculo y se quedan con la cifra del 50%.

Incluir un artículo en el folleto

Cuando un artículo aparece anunciado en el folleto publicitario de un supermercado, muchos clientes asumen que está en oferta y lo compran pensando además que la oferta es limitada, aunque el precio sea el mismo de siempre y en ningún sitio se indique que está rebajado.

Atraer clientes

Hay estudios que demuestran que cuando una tienda está llena, los clientes compran más debido al efecto de la presión social. Cuando hay gente comprando, nos sentimos obligados a comprar también, para no desentonar.

Pero tampoco hay que excederse, si el supermercado se llena demasiado, entonces el cliente se agobia, se pone nervioso y abandona la tienda lo antes posible.

Los espacios, abiertos

Espacios abiertos hacen que el cliente sienta que tiene todo al alcance de la mano.

Los techos, altos

Los techos altos hacen que el cliente tenga sensación de libertad. Los techos bajos, por el contrario, dan sensación de agobio.

Los pasillos, largos

Estos pasillos también dan una sensación de que nos metemos en un embudo o túnel psicológico, y nos despierta el deseo de ver qué hay al otro lado, por eso el cliente los recorre hasta el final, en lugar de volverse a la mitad.

El diseño, en cuadrícula

El diseño en forma de cuadrícula facilita al cliente recorrer todos los pasillos, uno detrás de otro, en busca de aquellos artículos que están en oferta o que quizás necesite, aunque no tenía planeado comprar.

Los artículos más demandados, a la derecha

La tendencia es a recorrer los pasillos pegados al lado derecho, una costumbre que proviene de la manera de conducir, por eso los artículos con mayor probabilidad de que el cliente los compre se sitúan al lado derecho.

Los productos, mejor procesados

Los productos frescos son muy perecederos y requieren de personal más especializado para su tratamiento, por eso los supermercados tienen un porcentaje mucho mayor de productos ya procesados, empaquetados o enlatados.

La disposición, en un controlado desorden

Un cierto desorden en la tienda hace que el supermercado recuerde los tradicionales mercados, donde ir a comprar era una experiencia de sensaciones y olores.

Los artículos con mucha variedad, en zonas tranquilas

Los artículos que requieren tomarse un tiempo para elegir la marca o la variedad, como puede ser el café, los cereales o los lácteos, nunca se ponen en estanterías que sean muy transitadas o ruidosas, sino en zonas alejadas del bullicio para dejar que el cliente se concentre en elegir la opción que le interesa en ese momento de entre las muchas que se le ofrecen.

Los artículos más rentables, junto a la entrada

El cliente está más dispuesto a comprar algo cuando acaba de entrar en la tienda y el carro está vacío. Por eso los artículos más rentables, por ejemplo, las flores o el pan recién horneado, debe ser de lo primero que encuentre. Además, el penetrante olor de estos artículos hace que el cliente se sienta mejor y más dispuesto a gastar su dinero en esa tienda que huele tan bien.

Atraer la atención del cliente

Los supermercados están llenos de letreros, llamativos expositores y otros trucos que intentan llamar la atención del cliente para que se detenga. Cuanto más tiempo pasa el cliente dentro de la tienda, más cosas compra.

El exterior, en ladrillo

Los colores cálidos atraen al cliente, por eso es mejor que el exterior tenga el color ocre del ladrillo, en lugar del gris de cemento, por ejemplo.

El interior, en tonos azules

Los colores fríos inducen a la reflexión y hace que el cliente se detenga delante de cada nuevo expositor para ver lo que contiene y decidir si le conviene el precio o si la oferta es interesante.

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