Los recursos retóricos en publicidad: la analogía y la metáfora

Los antiguos griegos ya conocían el poder de los recursos retóricos. Dos de los recursos retóricos más utilizados son las analogías y las metáforas.

La analogía es comparar una cosa con otra que es similar, por ejemplo, el AVE va como una bala. Se presume que si dos cosas son análogas, tienen muchas características comunes, aunque no necesariamente todas.

En general la analogía se utiliza para explicar algo en términos cercanos para aquél que lo escucha. Así, si decimos que el AVE va a 300 km/hora, puede que alguien no esté seguro de si eso es muy rápido para un tren moderno. Sin embargo, si comparamos la velocidad del tren con la de una bala, es obvio para cualquiera que el tren va extremadamente rápido.

El lenguaje diario es muy frecuente el uso de analogías. Por ejemplo, la sangre es como la savia del cuerpo, la juventud es como la primavera, toda llena de flores, los leucocitos son como los soldados del cuerpo o el corazón es como una bomba hidráulica.

Una metáfora es una especie de analogía donde se toman dos elementos que tienen características comunes, y se utiliza uno (el más impactante) para describir el otro.

Es un recurso que sirve, además de para embellecer el discurso, para explicar, de forma gráfica, ideas abstractas que, de otra manera, serían difíciles de explicar.

El lenguaje diario está lleno de metáforas, porque las metáforas nos ayudan a explicar mejor lo que queremos decir. Por ejemplo, decimos “se cierra una puerta” cuando queremos decir que ya no hay posibilidad de recuperar algo, o decimos que “es un camino empinado” cuando queremos decir que algo es difícil.

Las metáforas resultan útiles como técnica de persuasión, sobre todo cuando están relacionadas con algún tema de interés para la persona que las escucha.

La razón de este fenómeno es que, si la metáfora es sobre un tema interesante para el que la escucha, éste tiende a prestar atención y a reflexionar sobre el mensaje que intenta transmitir.

Sin embargo, si la metáfora no resulta interesante para quien la escucha, tiende a ignorarla y, por lo tanto, ésta pierde poder como herramienta de persuasión.

En resumen, utiliza recursos de estilo como la metáfora al hablar, pero asegúrate de que son relevantes para el contexto de la situación y las circunstancias personales de tu cliente.

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